Aprovechando mi renovación de lentes y regreso al único patrocinio real que he tenido, por parte de las ópticas de la familia Serrano, he recordado la frase “sin lentes no oigo bien”. Esto basado en una sensación real, que me vino a la memoria cuando comenzaron a hacerse más cotidianas las operaciones de la vista y el oftalmólogo de la familia me preguntó si a mí me molestaban los lentes. Mi respuesta negativa fue inmediata, seguida por esa famosa frase que vincula la vista con el oído.
Tal vez suene absurdo, pero es un hecho y sé que le pasa a mucha gente que usa lentes. Puede que tenga que ver con que nuestra concentración se ve afectada, pero es que uno de nuestros 5 sentidos básicos está disminuido y por lo tanto le está quitando energías a los otros 4, siendo el caso de la audición probablemente el principal para mi. Porque el gusto, olfato y tacto no lo estamos usando constantemente, aunque estén activos siempre. Esa puede ser una explicación.
Muchas veces cerramos los ojos para escuchar mejor y concentrarnos en lo que está sonando, sobre todo hoy día que, gracias a la tecnología, “vemos” el sonido. Esa forma de onda que nos aparece en la computadora y que podemos hasta distinguir fácilmente frases sin escucharlas, sólo con reconocer el dibujo de ese “pececito” que aparece en la pantalla. Esta práctica a veces nos hace perder la objetividad, pues vemos lo que está sonando y nos dejamos llevar por esa imagen. ¿Y qué hacemos al cerrar los ojos? Desactivar la vista para darle más atención a los oídos. A mí particularmente, no me gusta tanto cerrar los ojos para escuchar, pues mi naturaleza es tener los ojos abiertos, por eso me concentro en un punto y no quito la vista de eso, pero hay personas que sí lo han tomado como costumbre y les funciona muy bien. Sin embargo al cerrar los ojos, a veces también perdemos el equilibrio, lo que nos indica un vínculo entre la vista y el oído interno.
